10 de Enero, 2008

Crítica de “Copia este libro” (David Bravo)

Escoge tu bando

David Bravo Bueno es un abogado sevillano que desde septiembre de 2003 (fecha de implantación del canon por copia privada en España) capitanea con sobrada elegancia la declarada guerra entre internautas (ciudadanos de a pie en su mayoría) y todopoderosas multinacionales y entidades de gestión. Internautas, he concretado, pues los “mass media” estatales lo tienen condenado (como a tantos otros) al mismísimo ostracismo. Sin embargo, en Internet en un personaje ampliamente conocido: posee una bitácora suficientemente concurrida (Fílmica - David Bravo) y sus intervenciones en programas (Noche sin tregua, de Paramount Comedy), debates y conferencias son siempre bien recibidas en Youtube.

En la otra esquina del cuadrilátero casi siempre suele hacer acto de presencia la Sociedad General de Autores y Editores, también conocida como SGAE. Ésta no es más que una entidad de ámbito español dedicada a la gestión de los derechos de autor de sus socios, toda clase de artistas y empresarios del “negocio de la cultura”. Apoyando a la SGAE se encuentran variopintas asociaciones poseedoras todas ellas de un dudoso sentido del ridículo (ACAM o Asociación de Compositores y Autores de Música puede valernos de ejemplo) y un seguido de empresas discográficas que van desde las “pequeñas” estatales (Vale Music) hasta las omnipotentes multinacionales (sírvanos de ejemplo Sony BMG Music Entertaiment).

Copia este libro

Copia este libro

Cuidar las formas

En un país dónde la televisión solo se acuerda de Internet cuando ha de rellenar minutos basura con programas de zapping… En un país en dónde los periódicos no se molestan en mencionar la fuente de su información si esta proviene de la red y, en cambio, amenazan con denunciar a los perversos blogueros que cojan noticias de su portal para compartirlas con sus, seguramente también malévolos, amigos… En un país… En este país nunca está de más que alguien dedique su carrera, parte de su vida, a luchar por los demás sabiendo que su causa es una completa desconocida por muchos. Por esto, seremos piadosos con él.

Misericordiosos pues conforme avanzas en la lectura, la sensación de “déjà vu” se hace cada vez más presente. Los lectores más avanzados recordarán con meridiana claridad muchas de las anécdotas explicadas, pues están extraídas de sus múltiples conferencias, intervenciones en televisión o entradas en su bitácora. Casi no hay material que no esté ya visto en internet. No es ni mucho menos reprochable, pues son multitud los que no lo conocen, pero si me ha decepcionado la forma de enlazarlo durante el desarrollo de la obra. Personalmente, prefería un estilo más clásico consistente en instrucción-desarrollo-conclusión. Sobre todo por su final de órdago, inexistente. Quizás una gran crítica final fuera redundante y tal vez todos intuyamos como sería, pero no negaré que me hubiera gustado encontrarme una última vez al David Bravo que, sin abandonar nunca su característica labia y su exquisito “savoir faire”, es capaz de, utilizando únicamente unas pocas palabras, hacer enmudecer a cualquier encorbatado representante de la industria musical. Aclarar que la obra finaliza con un capítulo llamado “En la búsqueda de alternativas”, donde obviamente aparecen algunas alternativas a la situación actual, pero en su conjunto sabe a poco.

David Bravo

David Bravo en una conferencia

Crónicas de una guerra no anunciada

Sabe a poco porque salta a la vista de todos que podría haber hecho mucha más sangre si hubiera querido. Sin embargo, David Bravo ha preferido seguir fiel a su estilo y enfocar la crítica con toques de su particular humor ácido. Ciertamente, en muchas partes del libro se gana la sonrisa del lector, pero no ha de disimular que en cuantiosas ocasiones la atroz realidad le echa más que una mano. La absoluta comicidad con la que actúa la industria musical, las esperpénticas declaraciones de ciertos directivos, lo alelados que parecen determinados “artistas” (nótese que he usado dobles comillas) a la hora de realizar declaraciones… todo ello hará preguntarse (y con razón) al lector menos instruido en la materia si David Bravo no ha puesto mucha fantasía de su parte a la hora de escribir el libro.

Durante el transcurso de la obra se nos muestra a una industria que agoniza, herida de muerte quizás, y que se resiste a caer con dignidad. En esta insostenible lucha contra el tiempo, no duda en utilizar cualquier argucia que se encuentre a su disposición para eternizarse un poco más en el tiempo. Insultos, mentiras, declaraciones inverosímiles, amenazas e incluso denuncias aparecen casi cada día en la “sección cultural” de muchos medios. “Morir matando” como sentencia David Bravo. Y es que se cuentan por decenas los casos dignos de mención que aparecen en el libro. Todos y cada uno de ellos son, sin duda, una palada más en ese foso dónde ya espera una esquela que reza: Aquí yacen los que un día convirtieron en negocio la cultura.

Logo SGAE recortado

Logo de la SGAE

Sin desmerecer al resto de excentricidades pondré a modo de ejemplo dos de ellas, sirvan también para ilustrar que no todo es movido por el dinero. Era el año 2002 y España se encontraba sumergida en la peor catástrofe ecológica de su historia, el petrolero Prestige había naufragado en la costa gallega y miles de toneladas de fuel decoraban la ya famosa Costa de la Muerte. Un anónimo internauta, inspirándose en el superéxito cultural Aserejé de las Ketchup, creó una animación flash en la que se criticaba la actuación del gobierno y la colgó en su web. Como la racionalidad nada podía hacer contra la página, fueron los derechos de autor y la SGAE los encargados de cerrarla. Perdón, censurarla. Se le exigieron 390 euros mensuales si quería continuar ejerciendo su libertad de expresión. Evidentemente, “prefirió la mordaza a la bancarrota” le disculpa David Bravo.

También resulta llamativo cuando la industria se olvida de los siniestros internautas, terroristas todos ellos, y dirige sus golpes incomprensiblemente contra los mismísimos autores. Muzicalia es una revista de música independiente que se ocupa de los músicos que no han sido aun agraciados en su carrera. En el año 2002, la revista decidió abrir una web en la que destacaban una radio online y una sección de descargas en mp3. Obviamente, todo esto contaba con el beneplácito de los autores y las discográficas a las que pertenecían las creaciones. Y no acaba aquí, realmente se encontraban ilusionados con la iniciativa. La SGAE tardó solo dos semanas en cerrar la página. Exigió un 6% de los beneficios, petición absurda pues la página no generaba beneficio alguno, o un canon mínimo mensual de 750 euros. Muzicalia, como era de esperar, tuvo que dar por finalizado el proyecto. Como bien expone David Bravo, para la industria Internet es solo un instrumento más a utilizar para acercarse a su deplorable utopía: “Cada hogar, una tienda. Cada ciudadano, un consumidor”

Aunque todo esto por sí solo ya daría para escribir un libro, David Bravo encuentra tiempo para cargar contra políticos y medios de comunicación. No es de extrañar, pues nuestros diputados son los que en última instancia han propuesto, redactado, debatido, votado y aceptado leyes como la que introduce el canon por copia privada. Sí resulta más llamativo cuando nos enseña que, con el beneplácito del gobierno, son las multinacionales y asociaciones interesadas las que se encargan de instruir a los jueces en la materia mediante irracionales cursillos de formación, algo que describe como toda una simbiosis “político-económica”. A su vez, presenta a los grandes medios de comunicación como “mercaderes de noticias” que no dudan en autocensurarse cuando ven peligrar los ingresos publicitarios. Saben perfectamente, dice David Bravo, que “sus clientes no son sus lectores, sino sus anunciantes”.

A lo largo del libro, David Bravo muestra posibles caminos a seguir para solucionar la problemática de forma que nadie quede insatisfecho. Estas propuestas van desde las aparentemente sencillas, como que el canon por copia privada sea abonado por las grandes empresas de telecomunicaciones que nos permiten conectarnos a Internet, hasta otras un tanto más descabelladas, introduciéndonos en el concepto de Renta Básica. Aun así, también sugiere que, al igual que los “telares manuales del siglo XIX”, los que mercadean con la cultura están destinados a desaparecer. Y aunque en un principio se escuchen voces discordantes, nadie los echará en falta.

No es mi problema

Vuestro fallido modelo de negocio no es mi problema

Autores “ideológicamente estériles” (en palabras de David Bravo) copan los medios promocionando sus productos, que no sus obras, todos los días. Pero a veces se cuela una noticia, como la de los 320 millones de euros que recaudó la SGAE en el año 2005, y alguien despierta. Recapitula y se da cuenta de que desde hace unos años el Gobierno legisla contra sus ciudadanos. Asustado, escudriña el arco parlamentario con la esperanza de encontrar alguna formación política que le ampare. Iluso él, pues el amplio espectro político se convierte en una entristecedora masa completamente homogénea a la hora de hablar de temas tan importantes para el desarrollo como lo es el canon por copia privada.

Solo a unos meses vista de las elecciones generales, algún partido político se atreve a votar en contra del canon por copia privada y propone suprimirlo en la siguiente legislatura, si sale vencedor en los comicios. Ante semejante osadía, las formaciones políticas que hace escasos días votaron y ampliaron dicho canon se apresuran a lanzar, con mayor o menor fortuna, globos sonda mediante bases o militantes con los que se intenta hacer creer al elector que existen voces discordantes dentro del propio partido. Pero estos partidos, los del sí a la sinrazón, no han de temer pues el futuro votante recuerda perfectamente que el partido ahora adalid de la lucha contra el canon es justamente el que hace pocos años lo instauró. No han de esforzarse mucho tampoco en sus penosos globos sonda, pues deberían saber que hace tiempo ya que el aún desamparado elector decidió no votarles en las próximas elecciones.

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menéame - 2:08 am por Sokar |

2 comentarios »

  1. Hice la crítica de este libro hace bastante tiempo. Viendo que la temática sigue de actualidad, he suprimido algún que otro párrafo y he actualizado algunos fragmentos para poder postearla.

    Comentario por Sokar — 10 de Enero, 2008 @ 3:04 am

  2. places plants work with whatever will never these trees done it.

    Comentario por kitchenwoodh — 1 de Junio, 2008 @ 12:12 pm

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