2 de Agosto, 2007

El fin de todas las especies

Aunque la idea no era totalmente nueva, cuando en 1980 se planteó ante la Asociación Americana para el Progreso de la Ciencia que los dinosaurios podrían haberse extinguido a causa de un impacto devastador causado por un cuerpo llegado del espacio, se recibió como una intolerable herejía. Si bien indicios geológicos confirmaban esta teoría, el catastrofismo científico estaba pasado de moda en los años 80, enfoque que cambiaría catorce años después el SL 9.

Shoemaker-Levy_9_on_1994-05-17 - pequeño

El SL 9, una vez superado el Límite de Roche, acercándose a Júpiter

El SL 9 (Shoemaker-Levy 9, en honor a sus descubridores) fue el primer gran cometa observado girando alrededor de un planeta (en este caso Júpiter) en lugar de hacerlo, como hacían los cometas descubiertos hasta la fecha, alrededor del Sol. Probablemente, el SL 9 fuera capturado desde una órbita solar en 1970 o 1972 aunque este suceso podría haber ocurrido mucho antes. Cuando fue descubierto en 1994, su destino estaba irremediablemente sentenciado.

Brian Marsden, un astrónomo del Central Bureau for Astronomical Telegrams, se percató de que el cometa estaba asombrosamente a solo cuatro minutos de arco de Júpiter y que de seguir su trayectoria colisionaría inexorablemente contra la superficie del planeta. Sorprendentemente, un cometa iba a impactar contra un planeta del Sistema Solar y la humanidad disponía de suficiente tecnología como para observar el acontecimiento en pseudo-directo. Además, este astrónomo sugirió que lo que estaban presenciando no era más que fragmentos de un cometa roto por la gravedad de Júpiter. Se cree que el 7 de julio de 1992 el SL 9 pasó a solo 40.000 Km sobre las nubes de Júpiter, traspasando así el Límite de Roche y dividiéndose en 20 fragmentos. Un “collar de perlas” que se extendía a lo largo de 160.000 Km.

Conferencia SL 9 - 225×300

El revuelo ocasionado por el descubrimiento en el mundo científico era claramente comprensible. Asimismo, la posibilidad de que en un futuro próximo fuera “agraciada” la Tierra con semejante visita hizo que los medios de comunicación se dedicaran a cubrir ampliamente todo lo relacionado con el impacto. Erróneas estimaciones iníciales, se hablaba de una masa total equivalente a siete veces el cometa Haley, hacían presagiar resultados catastróficos. Hubo quién especuló con la posibilidad de alcanzar, como consecuencia de los impactos, temperaturas del orden de quince millones de grados capaces de provocar reacciones nucleares. Más adelante, gracias al Telescopio Espacial Hubble se rebajaron las cifras con las que trabajaban los astrónomos dejando el tamaño del fragmento más grande en a lo sumo un par de kilómetros, probablemente menos, y del cometa original en no más de cinco kilómetros. Aunque seguían siendo unas cifras nada despreciables, una semana antes de la colisión Nature publicó el artículo “Se acerca el gran fracaso”, en el que se intentaba restar importancia al acontecimiento mofándose de que únicamente íbamos a presenciar “una lluvia meteórica”.

Fragmento - Hora Impacto - Visto desde

Hora prevista para los impactos junto con su zona de observación

El primer impacto, correspondiente al fragmento A, tuvo lugar el 16 de julio de 1994 y el último, correspondiente al fragmento W, casi una semana después. Sin duda alguna, las colisiones superaron ampliamente cualquier expectativa. Solo el impacto del fragmento G, del tamaño de una pequeña montaña, significó una fuerza equivalente a 75 veces todo el arsenal nuclear disponible en la actualidad y creó una herida en la superficie de Júpiter del tamaño de la Tierra.


Impacto del Fragmento A

Fragmento A - Calar Alto - 510

Impacto de los fragmentos A y G

El SL 9 acalló así, sin contemplaciones, a los más críticos con la teoría sobre la extinción de los dinosaurios dada a conocer catorce años antes y menospreciada hasta la fecha. Pero aceptando esta teoría implícitamente se admitía que, aunque fuera poco probable, este desastre podría volver a repetirse en cualquier momento. Y no podríamos hacer nada para evitarlo.

Bill Bryson recordando el impacto del SL 9 en “Una breve historia de casi todo” recrea que pasaría si un asteroide impactara en este mismo instante sobre Manson (un pequeño pueblo de Iowa, Estados Unidos).

Un asteroide o un cometa que viajase a velocidades cósmicas entraría en la atmósfera terrestre a tal velocidad que el aire no podría quitarse de en medio debajo de él y resultaría comprimido como en un bombín de bicicleta. Como sabe cualquiera que lo haya usado, el aire comprimido se calienta muy deprisa y la temperatura se elevaría debajo de él hasta llegar a unos 60.000 grados kelvin o diez veces la temperatura de la superficie del Sol. En ese instante de la llegada del meteorito a la atmosfera, todo lo que estuviese en su trayectoria (personas, casas, fábricas, coches) se arrugaría y se esfumaría como papel de celofán puesto al fuego.

Un segundo después de entrar en la atmósfera, el meteorito chocaría con la superficie terrestre, allí donde la gente de Manson habría estado un momento antes dedicada a sus cosas. El meteorito propiamente dicho se evaporaría instantáneamente, pero la explosión haría estallar mil kilómetros cúbicos de roca, tierra y gases supercalentados. Todos los seres vivos en 250 Kilómetros a la redonda a los que no hubiese liquidado el calor generado por la entrada del meteorito en la atmósfera perecerían entonces con la explosión. Se produciría una onde de choque inicial que irradiaría hacia fuera y se lo llevaría todo por delante a una velocidad que sería casi la de la luz.

Para quienes estuviesen fuera de la zona inmediata de devastación, el primer anuncio de la catástrofe sería un fogonazo de luz cegadora (el más brillante que puedan haber visto ojos humanos), seguido de un instante a un minuto o dos después por una visión apocalíptica de majestuosidad inimaginable: una pared rodante de oscuridad que llegaría hasta el cielo y que llenaría todo el campo de visión desplazándose a miles de kilómetros por hora. Se aproximaría en un silencio hechizante, porque se movería mucho más deprisa que la velocidad del sonido. Cualquiera que estuviese en un edificio alto de Omaha o Des Moines, por ejemplo, y que mirase por casualidad en la dirección correcta, vería un desconcertante velo de agitación seguido de la inconsciencia instantánea.

Al cabo de unos minutos, en un área que abarcaría desde Denver a Detroit, incluyendo lo que habían sido Chicago, San Luis, Kansas City, las Ciudades Gemelas (en suma, el Medio Oeste entero), caso todo lo que se alzase del suelo habría quedado aplanado o estaría ardiendo, y casi todos los seres vivos habrían muerto. A los que se hallasen a una distancia de hasta 1.500 kilómetros los derribaría y aplastaría o cortaría en rodajas una ventisca de proyectiles voladores. Después de esos 1.500 kilómetros iría disminuyendo gradualmente la devastación.

Pero eso no es más que la onda de choque inicial. Sólo se pueden hacer conjeturas sobre los daños relacionados, que serían sin duda contundentes y globales. El impacto desencadenaría casi con toda seguridad una serie de terremotos devastadores. Empezarían a retumbar y a vomitar los volcanes por todo el planeta. Surgirían maremotos que se lanzarían a arrasar las costas lejanas. Al cabo de una hora, una nube de oscuridad cubriría toda la Tierra y caerían por todas partes rocas ardientes y otros desechos, haciendo arder en llamas gran parte del planeta. Se ha calculado que al final del primer día habrían muerto al menos mil quinientos millones de personas. Las enormes perturbaciones que se producirían en la ionosfera destruirían en todas partes los sistemas de comunicación, con lo que los supervivientes no tendrían ni idea de lo que estaba pasando en otros lugares y no sabrían adónde ir. No importaría mucho. Como ha dicho un comentarista, huir significaría “elegir una muerte lenta en vez de una rápida. El número de víctimas variaría muy poco por cualquier tentativa plausible de reubicación, porque disminuiría universalmente la capacidad de la Tierra para sustentar vida”.

La cantidad de hollín y de ceniza flotante que producirían el impacto y los fuegos siguientes taparía el Sol sin duda durante varios meses, puede que durante varios años, lo que afectaría a los ciclos de crecimiento. (…) Solo podemos hacer conjeturas sobre cómo sobrellevaría la humanidad un acontecimiento semejante, o si lo haría.

Y recuerda que el hecho se produciría con toda probabilidad sin previo aviso, de pronto, como caído del cielo.

“Una breve historia de casi todo“ (páginas. 246-247 ), Bill Bryson

Podéis encontrar imágenes, animaciones y más información sobre el Shoemaker-Levy 9 en:


http://www2.jpl.nasa.gov/sl9/

http://es.wikipedia.org/wiki/Cometa_Shoemaker-Levy_9

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menéame - 11:30 pm por Sokar |

3 comentarios »

  1. Weeeeeeeeeyy, qué fuerte. Ya me dieron ganas de suicidarme.

    Comentario por vergaparada — 11 de Agosto, 2007 @ 1:33 am

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    Trackbacks por Cheap home office furniture. — 16 de Enero, 2008 @ 6:02 am

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